Toda escultura, debido a su naturaleza volumétrica, es táctil.
Durante la contemplación de una escultura, ¿quién no ha sentido la necesidad imperiosa de tocarla, de palpar su textura, de reseguir sus formas?.
El sentido de la vista nos proporciona casi toda la información que utilizamos, pero no es éste el único del que nos valemos.
La necesidad de tocar. El tacto es tan importante como la vista, desconocido en gran parte debido a una realidad cultural: «ver pero no tocar»…
Llevo años trabajando la escultura como volumen táctil.
Mi trabajo es una invitación al renacer de los sentidos.
Trabajo la escultura táctil para que los ciegos vean y para que los que vemos podamos tocar.
Ofrezco una muestra de mis trabajos, una labor específica en relación a la percepción humana, al intercambio, al conocimiento, a disfrutar del arte y de la creatividad para todas las personas sin excepción.
¡Aprendamos de los que utilizan los otros sentidos!
…Os invito así a cerrar los ojos y aprehender aquello que tocamos transformando nuestra esfera sensorial en espiral de conocimiento.